Primer Amor

Cuando se ama la obra de Beckett desde ella misma -y no desde cualquier otro territorio o recinto cultural- escribir sobre sus textos da una pereza enorme. No así hablar de ellos, compartirlos, leerlos en voz alta a los amigos, copiar fragmentos y enviarlos por correo, traducirlos, actuarlos, filmarlos, pintarlos o, como en este caso, traicionarlos fielmente, trasladarlos del libro a la escena, de la línea al espacio.

¿Qué decir, escribiendo, sobre alguien que dice escribir para decir que no hay nada que decir escribiendo?

No obstante, también en este caso, hay que escribir. Situación no muy distinta a la de muchos personajes beckettianos constreñidos, condenados a decir, y a la del propio Beckett, forzado -¿por quién o qué?- a lo que Mallarmé llamó "el juego insensato de escribir". Sea, pues: escribamos.

Primer amor, primer relato escrito en francés para tratar de hacerlo "sin estilo", para lograr "el efecto de debilitamiento deseado" y, de ese modo, "empobrecer(se) todavía más". Inicio del proceso de neutralización del lenguaje, búsqueda -en un idioma distinto del materno- de esa "escritura de la penuria" que ha de permitir a Beckett escapar de la viscosidad incontrolable, casi automática, de la lengua propia, es decir, ajena, es decir, enajenante.

Primer relato en primera persona, primer narrador que es a la vez personaje, sin duda para burlar y frustrar más ostensiblemente la pretensión expresiva, subjetiva de la literatura. Para burlar y frustrar también -y desde el mismo título- las expectativas del destinatario del relato, que no sólo es despreciado e insultado como tal, sino también como lector, como receptor: y ello sin poder sustraerse a la irresistible comicidad de la provocación.

Luis Miguel Climent del Teatro Fronterizo en "Primer amor" Primer ejemplar -el narrador- de lo que será amplia galería de personajes expulsados de la matriz familiar, exiliados de la vida social, desterrados del amor y del sexo, forasteros de su cuerpo, náufragos del lenguaje, varados en un estéril y placentero parasitismo. Seres de profunda vocación mineral, felices en su inerte vegetar. Imágenes invertidas, paródicas, de cualquier ilusión humanista.

Teatralizar este texto no significa otra cosa que poner en espacio, en cuerpo, en voz, en presencia común y compartida -humilde privilegio del teatro- la palabra naciente del primer gran maestro del silencio.

© José Sanchís Sinisterra
del programa de mano, del estreno de la obra el 24 de Mayo de 1985 en el Instituto Francés de Barcelona

 

 

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