la
fragmentación de lo esencial
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Un pequeño tema puede dar pretexto a
combinaciones múltiples y profundas. Evita las tendencias demasiado vastas o demasiado
lejanas en las que nada te advierte cuando te desorientas y extravías. O bien no tomas
más que lo que podría ser mezclado a tu vida y pone de relieve tu experiencia.
La belleza de tu film no estará en las imágenes (cartel, postalismo)
sino en lo inefable que ellas desprenderán.
Robert Bresson |
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Notes
sur le cinematographe
EL
CINE SONORO HA INVENTADO EL SILENCIO
Nada
de actores.
(Nada de dirección de actores).
Nada de papeles.
(Nada de estudio de papeles).
Nada de puesta en escena.
Sino empleo de modelos tomados de la vida. SER (modelos) en lugar de
PARECER (actores).
La
fuerza eyaculadora del ojo.
Cuando
un violón es suficiente, no emplear dos.
Es
necesario que los ruidos se conviertan en música.
No
se trata de interpretar "simple", o de interpretar
"interior", sino de no interpretar en absoluto.
Yo
me acuerdo de un viejo film Treinta segundos sobre Tokio. La vida
estaba suspendida durante treinta segundos admirables, en los que no
pasaba nada. En realidad pasaba todo. Cinematógrafo, arte, con imágenes
de no representar nada.
Solo
ha sido desde hace poco y poco a poco que he suprimido la música y que me
he servido del silencio como elemento de composición y como medio de
emoción. Decirlo bajo pena de ser deshonesto.
Ser
escrupuloso. Rechazar todo aquello que del real no se convierta en
verdadero. (La borrosa realidad de lo falso).
El
cinematógrafo es una escritura con imágenes en movimiento y sonidos.
Montar
un film, es ligar las personas las unas con las otras y a los objetos por
las miradas.
La
fragmentación es indispensable si no se quiere caer en la
representación. Ves los seres y las cosas en sus partes separables.
aislar estas partes. Volverlas independientes a fin de darles una nueva
dependencia.
Robert Bresson
Notes sur
le cinematographe (Ediciones Gallimard, 1975)
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Sobre
Pickpocket
y Mouchette
Será
una película de manos, de objetos y de miradas. De miradas sobre todo. Hay
en el acto del ratero una especie de magia que me gustaría poder expresar.
No es que elogie esta reprensible profesión. si mi héroe sucumbe a la
tentación, acabará por vencer sus funestas inclinaciones. ¡Por lo demás,
qué importa el tema de una película!
Lo que interesa aquí es la colocación de ciertos elementos artísticos.
Para mí, un director es ante todo un ordenador. En Pickpocket, como
en mis anteriores películas, me esfuerzo por rodar de espaldas a todo lo
que puede haber de teatral en el cinematógrafo, tal como se concibe a
veces.
Robert Bresson
Bresson.- Pero el personaje de la
Nouvella Mouchette tiene algo
de maravilloso, en el sentido en que todavía se trata de la infancia -el periodo de la
infancia y la adolescencia- considerada en su aspecto de dureza. Considerada no como
bobería, sino realmente como catástrofe. Esto es admirable y es lo que trato de dar. Y
ahí, por el contrario, en lugar de dispersarme (si puedo decirlo, porque trato siempre de
no dispersarme) en una abundancia de vidas y de seres diferentes, voy a tratar de estar
constantemente, absolutamente, concentrado en un rostro: el rostro de esa niña, para ver
sus reacciones. Y llevaré en el film a la niña más desgraciada, a la menos actriz, a la
menos comediante (los niños, y sobre todo las chiquillas, lo suelen ser de modo
terrible). Llevaré a la más desgraciada que encuentre y trataré de sacar
de ella todo
lo que ni ella misma sospecha que se puede sacar. Eso es lo que me interesa, y
evidentemente, la cámara no la abandonará nunca.
Godard.-¿Le interesará insistir en un acento? Porque Bernanos habla de
su horrible acento de Picardía.
Bresson.- No. En absoluto. No me gustan los acentos. Bernanos tiene destellos
maravillosos. Escribe de una forma un poco pesada, pero hay dos o tres cosas que ha
encontrado, que ha dicho, sobré la niña que son extraordinarias. Y no se trata de
psicología.
Godard.- Sí. Lo recuerdo. Dice que cuando le hablan de la muerte a Mouchette,
es como si le dijeran que puede ser una gran dama de la época de Luís XIV. En
fin, existe una forma de aproximación fabulosa. Y precisamente, no se trata de
psicología. Aunque al mismo tiempo se llega a la psicología, no se trata de
algo más profundo...
Bresson.- No se trata de psicología, pero pienso precisamente, en este sentido (y
volvemos de nuevo a lo que puede interesarme), que la psicología es ahora para nosotros
algo muy conocido, admitida y familiar, pero hay toda una psicología que extraen del
cinematógrafo en el que yo pienso, y en el que nos espera siempre lo desconocido, en el
que lo desconocido queda registrado, gracias a una mecánica que lo hace surgir; y no
porque hayamos querido encontrar primero lo desconocido, que no se puede encontrar, porque
lo desconocido se descubre pero no se encuentra. Aquí volvemos quizá a esa frase de
Picasso, que decía que en primer lugar se encuentra y después se busca. Se trata de
esto. Hace falta encontrar. Hace falta encontrar primero la cosa, y, después, buscarla.
Es decir: hace falta, en primer lugar, encontrarla, pero buscando lo que viene después,
se la descubre. Así, creo que no hace falta hacer análisis psicológico -y que la
psicología es una cosa demasiado a priori-, hace falta pintar, y pintando surgirá
todo.
Godard.- Hay una expresión, que no se emplea demasiado, pero que se decía, hace
tiempo, que es: la pintura de los sentimientos. Esto es lo que usted hace.
Bresson.- Pintura- o escritura, que en este caso es lo mismo. En todo caso, sí, más que
psicología, creo que hay una pintura.
Robert Bresson y
Jean-Luc Godard
Cahiers du Cinema, 178. Robert Bresson Filmoteca
Nacional
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Notes
sur le cinematographe de Robert Bresson
Julio
Pollino Tamayo |
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Robert
Bresson
René
Briot
Esta voluntaria pobreza, esta
negativa a la técnica, hace nacer de por sí una especie de música
secreta, una poesía que es ante todo cuestión de estilo. La película de
Bresson recuerda aportunamente que en el cine la poesía nace de la
escritura y no de una sucesión de escenas seudorrománticas en que
pálidas Ofelias atraviesan sus castillos de cartón-piedra con un
candelabro en la mano.
...
La tragedia se convierte así
para Bresson en una inmensa metáfora de la vida real en la que "el
movimiento de las escenas no procede de un frenético desplazamiento de la
cámara, sino de una vida interna, de los remolinos y los choques en que
se debaten cuatro-personajes". ¿Habrá que ver en Les dames du
bois de Boulogne un equivalente de la tragedia raciniana, en que el movimiento
es únicamente interior? Los alumnos de un colegio a los que se había
propuesto como tema colectivo un paralelo Bresson-Racine, razonaban:
"En aquel que ama, decía Pascal, todo su interior es movimiento; el
drama de Bresson es un drama interior en que los movimientos son internos:
la frialdad de una respuesta, una danza, una carrera por una escalera, una
puerta que se cierra de golpe, un desvanecimiento..." Pero, además,
hay en esta película un algo extraordinario, algo insólito y penetrante
que no tiene nada que ver con lo insólito primario que obtienen los
cineastas que se dicen de vanguardia fotografiando maniquíes de mimbre
sobre un descampado. Esta poesía gris, extraña, que aureola Les dames
du bois de Boulogne es absolutamente nueva en el cine y nace en parte de la
desnudez misma de la escritura; pero hay algo más, y en este algo reside
quizá la mayor originalidad de Bresson.
En un estudio fundamental sobre
la estilística de Robert Bresson, André Bazin escribe: "Su
estilización (de Bresson) no es la abstracción a prior¡ del símbolo,
sino que se construye sobre una dialéctica de lo concreto y de lo
abstracto, por acción recíproca de elementos contradictorios de la imagen". Hay, en efecto, en esta película un continuo juego
entre el realismo y la abstracción. Por un lado ' encontramos un
vestuario convencional (Elena, siempre vestida de negro, come en su casa
con sombrero, se pasea. por el parque vestida con un traje largo; Inés en
su casa, lleva puesto el impermeable), un diálogo muy elaborado y, por
otra parte, detalles muy realistas (agua de las cascadas, ruido de la
lluvia, rumor de la multitud).
Hay un constante intercambio
entre estos dos elementos, y de ellos nace, en mi opinión, la insólita
poesía de la película. Es notable a este respecto la escena en que Elena está
en su habitación meditando su venganza: suena el teléfono,
la doncella descuelga el aparato y se oye una voz que dice del modo más
realista: ¿Está la señora?; e inmediatamente después Elena dice, en el
tono especial de los actores de Bresson: Me vengaré. Hay que notar
también el ruido de los parabrisas que dan una resonancia particular a
los diálogos que se desarrollan en los automóviles.
Así, pues, Bresson hace ascender
a sus héroes a la condición real a partir de elementos eminentemente
realistas y cotidianos, como automóviles, ascensores, teléfonos, que
suprimen el espacio dejando a los héroes cara a cara con lo esencial,
pero al mismo tiempo son elementos de desequilibrio con el diálogo. No
hay, pues, simple estilización como en Cocteau (que hace del teléfono y
de sus "señoritas" una mitología moderna), sino un proceso de
intercambio.
Tampoco hay estilización pura y
simple en los decorados. El departamento de la plaza de Port-Royal es
nuevo y vacio, pero ¿no será porque Inés y madame D. acaban de mudarse?
Podemos preguntarnos en qué
medida este juego de intercambios entre la abstracción y el realismo
estaba previsto. Parece indudable que Bresson lo quiso (por razonamiento o
intuición estética, lo mismo da); el solo hecho de haber pedido a
Cotteau un diálogo "elaborado", situando al mismo,tiempo la
acción en nuestros días, lo demuestra. Por otra parte, el Journal
d'un cure de campagne demuestra una voluntad análoga. Es claro, pues, que
esta película, obra de un poeta y no de "cineasta de
vanguardia", era eminentemente revolucionaria. Esto explica sin duda
su cómpleto fracaso comercial, porque el público, ansioso de películas
"audaces", se muestra casi siempre refractario a las verdaderas
audacias, las que se refieren al estilo.
© René
Briot
Robert Bresson
1957 , Editions du Cerf |
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A
propósito de la muerte de Robert Bresson
Celia
Duañez
Sobre
la especificidad en el cinematógrafo
Celia
Duañez
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Robert Bresson nació el 25 de septiembre de
1901 en Bromont-Lamothe (Francia) y murió el 18 de diciembre de 1999 |
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