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© Julio Pollino Tamayo
Notas
sobre el cinematógrafo de Robert Bresson
6- Picpocket (el
carterista)

Transgredir las normas, las
reglas, las convenciones, siempre provoca un gran placer, una sensación de poder, esto es el
anverso, el reverso es que la mayoría de las veces acarrea consecuencias,
y no hablo de arrepentimiento o de sentimiento de culpa, hablo de
equilibrio, de ruptura del equilibrio, nada es gratuito en la vida.
Dicho esto, es absolutamente necesaria la trasgresión, poner a prueba
las teorías, pasar de la potencia al acto, sean cuales sean las
consecuencias, siempre es mejor ser un fracasado que un frustrado, cometer errores que
no cometerlos, se sufre pero se aprende, y para vivir es preciso mojarse
el culo, por lo tanto, lo raro es vivir.
Michel se atreve a cruzar la frontera,
a ponerse a prueba a sí mismo,
y no lo hace por dinero, no es un carterista, no es un artesano,
es un artista, quiere serlo, el robo no es el medio, es el fin,
y como buen artista tiene que dominar la técnica, el oficio,
para que nada estorbe, limite, el proceso de creación.
Pero no basta con el aprendizaje, el conocimiento no lo es todo,
hay que poner en práctica lo aprendido y darle un sentido, un motivo,
para pasar de artesano a artista, y es ahí donde falla Michel,
todo ritual esconde una finalidad y Michel no consigue encontrarla,
hasta el final, su fin es Juana, una Madona pintada por Modigliani,
encontrar el amor, y todos los pasos anteriores, absolutamente
necesarios.
Y la pregunta fundamental: ¿Se deja coger?,
la respuesta es SI, es el último acto desesperado de voluntad de Michel, de tratar de
controlar su destino, un acto de rebeldía contra el azar (del juego, de
su vida), un intento de cerrar el círculo.
Formalmente,
otra vuelta de tuerca en su cruzada por la objetividad,
por eliminar la psicologia y las explicaciones, con la formulación de
preguntas que no son respondidas, la duplicación entre imagen y sonido
(del “Diario de un cura rural”y de “Un condenado a muerte se escapa”)
da paso a la disociación, Michel dice una cosa y comenta lo contrario,
y la anticipación y demora en las entradas y salidas de plano de los
personajes, para hacer visible el tiempo, detenerlo, y romper la
continuidad sin recurrir a elipsis. Secuencias a destacar, la coreografía de la estación de trenes
y el grandioso plano final:
“Oh, Jeanne, para llegar hasta ti, que extraño camino he tenido que
recorrer”, y tan extraño, para estar juntos tienen que estar separados,
el amor para Bresson se define por la ausencia.
“La experiencia no puede ser comunicada sin lazos de silencio, de
ocultamiento, de distancia” Bataille
¿Voluntad?, ¿predestinación?,
no, azar, un paso adelante para Bresson, un paso atrás para el hombre,
la voluntad no es suficiente.
7- El proceso de
Juana de Arco

¿Quién dijo miedo?, ¿se puede
ser más objetivo?, otro salto al vacío a pelo de
Bresson, contar el proceso de Juana de Arco
basándose en las actas del proceso, a años luz de
la histérica, falsa y teatral visión de Dreyer,
mirar tanto al cielo sólo provoca tortícolis.
Contenido y forma encajan a la
perfección, el contenido: un juicio, la forma:
plano contraplano,
entre los jueces y la acusada, no hay
interrelación posible, nunca coinciden en el
mismo plano, solución en principio radical y en apariencia forzada, pero
absolutamente real, en un juicio no existe unión, hay dos partes
completamente diferenciadas, que en ningún
momento interactúan, no hay diálogo, solo preguntas y respuestas, y el
público siempre fuera de cuadro, a la espalda.
De esta forma tan “fría”, no
nos limitamos a ser espectadores, a contemplar el
juicio desde fuera, no asistimos a una representación,
asistimos a una reproducción, desde
dentro, somos juez y parte.
La fragmentación tiene en esta
película mayor importancia, los planos detalle ya
no tienen una función narrativa clásica, como
podían tenerla los planos de manos de Fontaine o de Michel,
cumplen una misión distinta, la de aislar
las cosas en partes, para evitar la
representación, volverlos independientes para crear una nueva
dependencia.
En cuanto a la voz de Dios que
Juana dice escuchar, hay poco que decir,
si ni tan siquiera los curas son capaces de creerla,
quien soy yo para contradecir la doctrina de la Iglesia
y creer en la existencia de Dios.
¿Santa o psicótica?,
poco importa, tener 19 años en la Edad
Media y seguir siendo virgen, es suficiente
mérito para ganarse el cielo, ya se sabe que el
fuego purifica, quien pierde gana.
“Sólo siendo injusto con los
santos podemos reconocer justificación a este
mundo”. Cioran
8- Al azar Balthazar

La primera, y única, película
coral de Bresson, en apariencia, no olvidemos que
es la historia del burrito Baltasar, el primer y
el último plano son para él, el resto es accesorio,
anécdotas, azar.
Baltasar es el director, el
espectador privilegiado que observa con ironía, que no con resignación,
las idas y venidas de los personajes, el único que se acepta a sí
mismo, con sus limitaciones, que no lucha contra
su naturaleza (burro = animal de carga ), contra
los demás, es un pollino y está orgulloso de
serlo, se niega a asimilar el rol de humano que
los demás le quieren imponer: adoptarle, bautizarle, jugar con él,
enamorarse de Marie, adornarle la cabeza con
margaritas, multiplicar, ser un santo.
Él va a lo suyo,
es libre, las cadenas son exteriores, el fantasma de la libertad,
y lo hace sin hacer daño a los demás, sin llamar la atención,
como diría Jaime Sabines: “Si te quieres morir, muérete, y ya”,
y así lo hace, solo, huyendo de los
hombres, en el mismo sitio donde nació.
Al igual que Marie, que se
niega a aceptar el destino que la impone su familia,
es orgullosa, y prefiere cinco minutos de verdad a toda una vida
de tedio, prefiere caer en la desgracia que dar
su brazo a torcer, siempre es preferible ser desgraciado por voluntad
propia que no por decisión ajena, por el azar, por Dios,
el orgullo del sufrimiento.
Marie, como Juana en
“Picpocket”, cree en el amor verdadero, y lucha
por conseguirlo, que sea o no sea correspondido ya es otra historia,
visto desde fuera parece incomprensible,
como toda historia de amor verdadero, si pudiera
explicarse ya no sería amor, sería otra cosa, querer, un sentimiento muy
diferente, más terrenal, y para variar es preciso
un final trágico, no hay amor feliz, no hay sitio
para preguntas, las preguntas vienen después, cuando todo ha terminado,
preguntas sin respuesta, como se encargará de
corroborar Bresson en “Una mujer dulce”, las palabras son solo eso,
palabras, la vida es otra cosa, y está en otra parte.
La estructura adopta la forma
de muñeca rusa (o de gallina godardiana), las
historias y los personajes se van encadenando hasta volver al principio,
también en esta película comienza la labor didáctica de Bresson,
explicar su sistema, labor que continuará en “Una mujer dulce” y
en “Cuatro noches de un soñador”, si en ésta se
centra en la pintura, en “Cuatro noches de un
soñador” en la pintura, el cine y la música, y en
“Una mujer dulce” en el arte en todas sus manifestaciones,
es el libro “Notas sobre el cinematógrafo” puesto en imágenes.
¿Al azar Baltasar?
Pues sí, el libre albedrío
presenta sus respetos.
9- Mouchette

Comienza el descenso a los
infiernos, se acabó el azar, la voluntad, no hay
forma de huir del destino. Mouchette no tiene
salida, el mundo la queda demasiado grande, es
una niña sin infancia, sin presente, ni futuro. A
diferencia de Marie, Mouchette no tiene el amor para evadirse,
tampoco la amistad, no tiene nada que compartir,
nadie la ayuda, nadie la quiere.
No puede escapar de su cautiverio, como la perdiz del principio,
como Fontaine, es más bien la liebre del final.
Sólo la queda el recurso al pataleo, el orgullo, la dignidad.
No sirve de nada, los demás tampoco están mejor,
se comportan como autómatas, las cosas
siempre pueden empeorar, y empeoran, pero hay que
seguir rodando, cuesta abajo.
Mouchette está en contra de
todo, y de todos, su rebelión es interna, sus
pequeñas victorias también, y eso la hace estar
cada vez más aislada, más sola, no tiene nadie
con quien hablar, nadie que la escuche, necesita
ser parte de algo, de alguien,
busca proteger más que ser protegida, dar
cariño más que recibirlo, busca un cómplice, un
inadaptado como ella, y cree encontrarlo en el
cazador furtivo, alguien que la necesita, alguien
que es más débil que ella, y que la hace sentir
útil, necesita exteriorizar su instinto maternal,
no como una obligación, como con su hermano, sino
como algo externo a su vida, algo que es de su elección, no impuesto,
como la familia, como el colegio, como el trabajo, como el canto,
transforma la canción del colegio en una nana, una ráfaga de
viento en un huracán, una violación en un abrazo amoroso,
pero la realidad es obstinada, y una bofetada no es una caricia,
ni la muerte un juego de niños, o quizás sí.
“Mouchette” es una película
muda, las palabras sobran, la música ,al final,
como contrapunto, como calmante. Es la película
más física de Bresson, la más materialista, la más triste,
no hay ningún Dios al que aferrarse. A
partir de ahora se acabó la esperanza, la inocencia,
solo resta la muerte o el amor, pero ya no como redención,
solo como huida.
El diablo se acerca, el
dinero.
10- Una mujer dulce

Tan perfecta que da miedo, lo
más cercano a la muerte, no hay lugar para el
azar, para Dios.
Tampoco para el amor, para la
posibilidad del amor, el dinero y el deseo, no
hay más.
Comenzamos por el final, por
el principio, por la muerte, la susodicha mujer
dulce se suicida, acto seguido el reciente viudo
la pregunta si le quería , si le quería amar
o si quería amar, las tres preguntas que cualquiera se haría una
vez que ha terminado una relación, el caso es que en esta ocasión (y en
todas, amor y análisis se dan de ostias) las preguntas son algo
retóricas dadas las especiales circunstancias de la interfecta, solo le
queda escarbar en el pasado de la relación, hacer antropología amorosa:
él quiere poseerla
ella quiere amar
él quiere comprar su amor
ella necesita amar
él no la quiere
ella no le quiere
les une el deseo, la necesidad
el matrimonio
ella quiere amarle, pero no puede
él comienza a amarla
el suicidio.
Ella intenta lo que no hizo
Juana con Santiago, lo que no pudo hacer Marie con Jacques, intentar
amar, algo que no se puede forzar, única salida,
la muerte.
Si la película la hubiera
rodado cualquier otro director sería una sucesión de flash-backs desde
el punto de vista del viudo, pero no, la estrategia de Bresson es
diferente, la banda de sonido son los comentarios subjetivos presentes
del viudo y la banda de imagen el presente objetivo de la relación, la
resulta de esta dialéctica: el misterio, sin respuestas, como no podía
ser de otro modo, quien busca el sentido de las cosas encuentra su vacío
(Lorca dixit) o en palabras de Pascal : “Quieren encontrar la solución
ahí donde no hay más que enigma”, el ataud se cierra.
Conclusión: No hay ningún
control sobre nuestro destino, ni tan siquiera en
la elección del amor, si le quería, si la quería,
si le quería amar, si la quería amar, poco importa, el territorio del
amor es el presente y el pasado es inútil como un trapo.
“El amor es una fuga lejos de
la verdad. Y amamos verdaderamente sólo cuando no queremos la verdad. El
amor contra la verdad” . Cioran.
11- Cuatro noches de
un soñador

“Creo en el amor.
Inclusive puede decirse que no creo más que en el amor, en el
amor no sólo hacia las personas, sino también hacia las cosas.
Creo que el amor mal comprendido, mal enfocado degrada, sí,
pero creo que hay un amor que no degrada,
y que, al contrario, lleva a comprender. Se
comprende a través del amor”.
Un respiro de Bresson antes de
la caida, la mejora del enfermo antes de morir,
y curiosa anticipación de “La mamá y la puta” de Eustache,
con una diferencia, en la de Bresson la
mamá y la puta son la misma persona.
Puesto que ya no hay
posibilidad de elección en el amor, bienvenido
sea el amor loco, si no se puede buscar,
habrá que encontrarlo en la calle.
Y lo encuentra,
lástima que ella lo haya encontrado antes,
que crea haberlo encontrado, como Marie.
“Tú, en cambio, sí que podrías
quererme; tú, a quien no amo.
A veces me quedo mirando tus ojos, ojos grandes,
oscuros; tu frente pálida, tu cabello
sombrío, tu espigada presencia que delicadamente
se acerca en la tarde, sonríe,
se aquieta y espera con humildad que mi palabra
le aliente” Vicente Aleixandre.
Él está enamorado del amor,
cree en el amor puro e inocente, luego no cree en
el amor, real, el objeto de su amor es intercambiable,
sino existe, se lo inventa, lo importante es amar.
Y la ama, de verdad, de forma
generosa, obsesiva, sacrificando su felicidad.
Entrega la carta, y la pierde,
peor para ella .
“Nunca te encontraré porque el
encuentro habría de ser fuera y estás dentro”
Cirlot
12- Lancelot du Lac
(Lanzarote)

Dios ha muerto,
y Lancelot se cree el asesino es preciso
bajar a la tierra, amor, amistad, o muerte.
Ginebra le ofrece su amor,
pero él solo desea su cuerpo. Ginebra
accede. Lancelot huye,
muerto el perro se acabó la rabia, el deseo es el
motor, el objeto.
Amistad,
Lancelot mata a Gawain, su mejor amigo,
por error.
Queda la muerte,
esperando en el bosque, el diablo.
Lancelot acude a la llamada,
voluntariamente, Ginebra.
La película más abstracta de
Bresson, una abstracción que parte del hiperrealismo, todo es
excesivamente real, material, concreto, tanto que termina siendo todo lo
contrario, algo irreal, los objetos, las cosas, los sonidos, son los
protagonistas, los sujetos están sujetos a los objetos, son las
armaduras las que llevan a los caballeros, no al revés, todo está regido
por un fatalismo trágico, todas las acciones están predeterminadas,
predestinadas, no hay sitio para la voluntad, es la muerte la que
conduce la acción, no la vida, los personajes, los monigotes, no van
hacia la muerte, es la muerte la que los atrae.
Todo está fragmentado,
dividido, deconstruido, y Bresson no lo hace para crear nuevas
relaciones, para construir algo nuevo, lo hace para demostrar la
irrealidad de lo real, la corporeidad del alma, la falta de consistencia
de la vida.
El sonido es mucho más
importante que la imagen, la película está llena de fantasmas, de
apariciones, de desapariciones, de espejismos, que solo se hacen
corpóreos mediante el sonido, porque la imagen ya no existe, la vida ya
no existe, en un mundo sin Dios, nada existe, nada es real, solo la
muerte, pero no una muerte liberadora, es una muerte anónima, masiva,
vacía, sin esperanza, la alegría de morir.
13-
El diablo probablemente

Dos
periódicos:
“Un joven se
suicida” “El suicida fue asesinado”
La verdad no
existe, suicidio y asesinato son la misma cosa, no importan los medios,
lo importante es el fin, la muerte, el sexo, el dinero, tres caras de la
misma moneda, objetos intercambiables.
Eros y Tanatos
se funden, el sexo como anticipo de la muerte, un sexo sin sentimiento,
reducido a necesidad fisiológica, a gimnasia, al vacío, una nada
pinchada en un palo, la muerte pierde su función liberadora, su sentido.
“No merece la
pena matarse: siempre lo hace uno demasiado tarde” Cioran.
El todo es
gracia se da la vuelta, o no, nada es visible, no porque sean
invisibles, sino porque ya no se puede ver, mirar, sin miradas no hay
palabras, sin palabras no hay vida, sin vida no hay muerte, no hay
salida, no hay nada que comprender, todo lo visible es invisible, lo
visible no es real, la única forma de ver, el suicidio, convertido en
asesinato, para hacer visible lo invisible, lo invisible real, el aire,
el neuma.
“Lo verdadero
es el todo. Todo lo real es racional. Solo lo espiritual es lo real”
Hegel
Solución:
destruir el mundo, para crear uno nuevo, peor que el anterior.
Mayo del 68,
el diablo se insinúa, sexo y muerte, el dinero.
Dios es un
traidor, y lleva cuernos.
14- El dinero

El dinero abre puertas,
puertas que se van cerrando escalonadamente como fichas de un dominó,
la única puerta abierta la del final, una puerta abierta a la
esperanza o al vacío, la más cerrada de todas, la puerta del
cinematógrafo, el primer plano de Bresson en
“Affaires Publiques” una mujer cantando en off,
esperando oir, y su último plano en “L´argent” un
grupo de personas a la espera de que salga alguien por una puerta,
esperando ver, se cierra el círculo, volvemos a
los orígenes, el cinematógrafo ha muerto.
Los sucesos se encadenan con
una implacable lógica, de efectos que preceden a
las causas, de nuevo un encadenado de greguerías,
como al principio, que conducen a la muerte, o a
la cárcel, la muerte en vida.
Si en “Pickpocket” Michel
encuentra y reconoce el amor en la cárcel, por carta,
en “El dinero” Yvon lo pierde, también por carta.
Si en “Pickpocket” Bresson define el amor por la ausencia de la
persona amada, en “El dinero” define el amor por
su ausencia, por la ausencia del amor, lux umbra
dei.
“Fuera no, fuera siempre
parece todo verdad, por desgracia. Y luego cuando
llegas aquí comprendes que también es mentira. Te
crees que sales pero entras” Carmen Martín Gaite.
Y en la que la emoción, los
sentimientos ya no tienen cabida, la vida, Dios,
es un mecanismo implacable que aplasta al ser humano,
la única forma de escapar al destino inexorable, la muerte,
el suicidio o el asesinato, o la prisión,
la única libertad posible, la libertad como la falsa moneda,
que de mano en mano en mano va y ninguno se la queda.
Su película más objetiva,
Bresson observa fríamente a sus personajes, sin dar ninguna explicación
o justificación psicológica a sus comportamientos,
si en sus anteriores películas los sentimientos conducían a la
acción, ahora los personajes se mueven guiados
por su falta de ellos, por su absoluto y
desesperado nihilismo, todo está mediatizado por el dinero, Dios ha
bajado a la tierra en forma de papel timbrado,
Dios y el Diablo se confunden, se acabaron las referencias externas,
internas, todo es posible, nada es posible, vida y muerte tienen el
mismo valor, ninguno, mata porque no puede morir, muerte o muerte.
¡VIVAN LAS CADENAS!
© Julio Pollino Tamayo
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