|
Beckett,
el proceso de despojarse
El
silencio como espacio de representación...
las palabras como máscaras que ocultan a un actor
que a su vez oculta a alguien...
La
aparente contradición de no querer hablar, de callar
y de no poder hacerlo... eso que nos pasa a todos...
Escribir sobre Beckett no me resulta fácil pero sí, siempre tentador.
Durante mucho tiempo las citas de Beckett me hicieron gran compañía,
como sus cuentos, como sus personajes.
Un mundo, el de Beckett, que fabulaba a la perfección con
las zonas sombrías de la mente,
la zona en harapos que permanece en segundo plano del pensar:
el lenguaje que conforma todo ello.
Él fue el que dijo que:
«cuando el pensamiento está en alguna parte todo está
permitido».
Él fue el que convirtió, antes mis ojos sorprendidos, el Yo, en un
lugar.
Siempre se ha dicho que Beckett es un autor para escritores,
yo no soy escritora pero me gusta cavilar.
Beckett me dejó en la más absoluta miseria de significados,
me ayudó a demoler el edificio seguro de la palabra que había
construido,
me hizo volver a pensar la palabra y a construir pequeños refugios
entre las
ruinas, unos más seguros que otros, otros más parcos que otros,
otros más frágiles...
Así dependiendo del tiempo que hace fuera, duermo en uno o en otro
o simplemente al raso, bajo las estrellas que no brillan:
«La cultura que yo tenía, de huida y exilio,
un continuado desmarcarse de todo lo codificado».
Y es en esta gama de matices grises, de ruinas y oscuridad
donde un punto de luz (sus frases, otras frases o las mías) iluminan
mi
mente y hacen más extraordinarias sus propias obras, otras obras y mi
propia vida.
Cuando la esperanza desaparece,
aparece una frase arrastrándose por el barro, como Pim, diciendo:
"«sta es la buena...por fin lo he conseguido...no abandonar...
adelante... adelante...»
Se
preguntaba un amigo, Sword, en una charla sobre Beckett si: "¿Llenará de pavor a algunos especialistas de
Beckett mi convencimiento de que el autor de "Esperando a Godot"
era,
ante
todo ("ante todo") un filósofo? ".
El primer libro de poemas de Beckett
Puthoróscopo
tiene como
protagonista a Descartes: «me engaño, luego existo»... pero,
creo, que "ante todo" Beckett es un gran contador de cuentos,
al estilo de Carroll
y después, un gran demoledor de significados.
Así uno puede dejarse llevar por la crueldad/ternura de los personajes
que
habitan sus cuentos
y en otros momentos aprender desde el lenguaje que produce esos
cuentos.
Es através de la repetición, del despojamiento y de la negación
donde se encuentra su fuerza que arrasa y destruye "casi" todo,
pero en el último instante, la palabra mínima aparece y sobre las
ruinas
vuelve a edificar... o lo hacemos nosotros en su lugar... «Hay que decir palabras, mientras las haya».
Beckett, como un mago cruel del lenguaje, lo vacía hasta dejarlo sin
significado para mostrarnos como es el lenguaje que habla desde el propio lenguaje
(eso que hoy es tan moderno).
Si sus personajes y su escritura es un continuo desposeerse,
la desnudez nunca es total, unos harapos cubren un cuerpo,
como cubren unos harapos el cuerpo casi inerte del lenguaje,
y es cuando empobrecido, desposeido de todos los significados
precedentes,
me enfrento a él dándole mi propio significado
(que ya no será el mismo o no dándole ninguno):
«¿Significar? ¿Significar nosotros? ¡esta si que es
buena!»
y ya no reconstruyo gracias a las palabras, sino, a pesar de ellas.
Por eso su lectura me resulta a veces dolorosa y desoladora,
(otras, cuando soy capaz de reirme de mí misma,
nadie como él para conseguirlo)
porque quedan mis propios significados en entredicho,
son mis propias contradicciones; ya no es Beckett,
es el lenguaje, el que nombra, el que dice, el que señala
la imposibilidad de decir y la imposibilidad de callar.
También Sword comentaba: "Las novelas de Beckett hacen que todo lo que estoy diciendo sea
falso
y
necio".
No creo que sea nuestro blabla, nuestra cháchara falsa o necia,
es sólo la constatación de la lucha contra el silencio.
«La caja craneal tiene el monopolio de este artículo.
Es allí donde a veces el tiempo se adormece,
como la rueda del contador cuando se apaga la última bombilla.
Es allí donde se empieza, por fin, a ver, en la oscuridad,
en la oscuridad que ya no teme a ningún amanecer.
En la oscuridad que es el alba y mediodía y atardecer y noche de un
cielo
vacío,
de una tierra fija. En la oscruridad que ilumina el
espíritu».
P.D. Pensaba mientras releía lo escrito,
que uno de los medios favoritos de Beckett era la radio,
y pensaba que quizá... se hubiera adaptado muy bien al mundo de Internet...
simplemente se me acaba de ocurrir...
©
Celia Duañez, 2000
  |