pincel
mágico que anima los objetos
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Lo que queda es eso que vemos y llamamos cuadro - una evidencia
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Los
viejos deberían ser exploradores
aquí o allí no importa
debemos estar quietos y seguir moviéndonos
entrando a otra intensidad
para una mayor unión, una comunión más honda
a través del oscuro frío y la vacía desolación,
el clamor de la ola, el clamor del viento, las vastas aguas
del petrel y la marsopa. En mi fin está mi comienzo.
T. S. Eliot
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O sólo la cabeza,
redondita, lisa, sin necesidad de lineamentos, rodaría, seguiría las pendientes, casi
puro espíritu.
Samuel Beckett
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Dibujos
"Animados"
Aquí
os dejo una serie de dibujos animados. He seleccionado los de la
última época en blanco y negro, que son menos conocidos, porque los otros
los podéis encontrar en la red.
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Palabras
animadas
Lo
que me atrae es la desnudez del dibujo. El acto de dibujar es lo que
localiza, sugiere, descubre. A veces, parece que dibujar sea suficiente, sin
las digresiones que traen consigo el color y la masa. Sin embargo, la eterna
ambición es aunar dibujo y pintura.
Lo que dibujo suele estar en
relación con lo que pinto, con aquello en lo que estoy trabajando en ese
momento. Si hay suerte, aparecerá un equilibrio sorprendente de formas y
espacios, y entonces siento que el dibujo se hace solo, que la imagen es la
que toma las riendas. A su vez, esto me lleva al cuadro - anhelando ocupar
ese mismo espacio con la pintura y con la luz.
En cuanto a los dos ritmos de la
pintura - el movimiento de las formas al unirse y al separarse -, me
preocupa qué estados y en qué condiciones se pueden representar.
A veces, las formas individuales
aparecerán y existirán como si fueran independientes de su fuente y
tuviesesn vida propia. Pero esto es únicamente un disfraz necesario, puesto
que proceden de un centro invisible y pueden volver magnéticamente a su
fuente.
Me siento distante del arte moderno
- del estilo romano-, lo siento como una especie de rareza victoriana. La
pintura etrusca y romana, Piero, Giotto, Lippi, la arquitectura y fachadas
barrocas, los jardines, todo tan emotivo y complejo, tan plástico, tan vivo
y complicado, tanto sobre lo que reflexionar, tan contemporáneo que soy
totalmente incapaz de comprender la presentación moderna de unos pocos
colores planos y monótonos. Además, creo que sólo los grandes del cine
son los verdaderos herederos del rico y complejo arte del pasado, Fellini es
un extraordinario pintor de frescos... y también Passolini.
Es posible que lo que vemos no sea
un "cuadro" sino la presencia de una ley necesaria y generosa.
¿Es la pintura un inmenso intento
de evitar la inmovilidad total, una sabiduría capaz de incluir la duda
parcial sobre el destino final de sus formas? Quizá sea esa duda la que lo
mueve y lo ubica todo.
Hay algo ridículo y miserable en
el mito que heredamos del arte abstracto. Eso de que la pintura es
autónoma, pura y un fin en sí misa, por lo que habitualmente definimos sus
ingredientes como si fueran sus límites. Pero la pintura es impura. Es el
control de las impurezas el que impulsa la continuidad de la pintura. Somos
creadores y explotadores de imágenes.
Hay tantas cosas en el mundo.
¿Tiene el arte alguna necesidad de representar toda esa variedad y de
contribuir a su proliferación? ¿Puede el arte ser así de libre? Las
dificultades surgen cuando uno entiende qué es lo que el alma no le permite
hacer a la mano.
No veo porque debe celebrarse como
libertad la pérdida de la fe en la imagen conocida y el símbolo en nuestra
época. Es una pérdida que sufrimos y este pathos motiva en el fondo la
pintura y la poesía modernas.
A mediados de los sesenta yo me sentía dividido,
esquizofrénico. La guerra, lo que les estaba ocurriendo a los estados
Unidos, la brutalidad del mundo. ¿Qué clase de hombre soy, sentado en
casa, leyendo revistas, enfureciéndome frustrado por todo... y luego
yéndome al estudio para ajustar un rojo con un azul?.
Philip
Guston
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Sobre
Philip
Guston
Robert
Storr
.../
Guston
se vio al final de su vida en la situación paradójica de verse tachado de
"neoexpresionista" y de que se lo agrupara con artistas
"posmodernos" a los que doblaba la edad. Desde luego, muchos
jóvenes lo admiraban profundamente. Además, es posible considerar el
retorno de Guston en 1970 a la narrativa o figuración simbólica como el
primer indicio de un cambio radical en el clima artístico que dejaría
sentir sus efectos plenos en los años ochenta. Sin embargo, lo
"nuevo" como tal no era un valor que primase para Guston y la
preocupación académica por los encasillamientos no se adecuaba bien a él.
Su discurso estético preferido era el de la poesía y su búsqueda de
identidad hundía firmes raices en una conciencia de la circunvalación del
tiempo imaginativo. In my beinning is my end (en mi principio está
mi final), escribió T. S. Eliot, uno de los escritores favoritos de Guston.
Rara vez ha podido aplicársele a otro artista tan bien como a él. Con
omnívora inteligencia y mirada prácticamente omniscente, Guston utilizó
todo lo que experimentaba, conocía o veía, deshaciéndose del bagaje
"excesivo" que había ido adquiriendo por el camino para acabar
recuperándolo en cada viaje de regreso a su punto de partida original. En
sus últimos años de vida, revolviendo de manera compulsiva entre las
pruebas acumuladas y cada vez más compactas de su propio pasado y del
pasado histórico, los hábitos creadores de Guston pueden parecer ahora
típicamente "posmodernos". Es posible, sin embargo, que
constituyan una de las más claras demostraciones que existen de que en el
fin de la modernidad están su principio y las bases de su perpetua
autorrenovación.
En la mayoría de sus
contemporáneos, el expresionismo abstracto dejó en libertad un dinamismo
innato y reprimido. En Guston localizó una amabilidad profunda que le dio
acceso directo a una especie de aplomo espiritual y orden pictórico que
había detectado tiempo atrás en Piero pero no había sabido recrear
conforme a las reglas renacentistas.
.../
Ávido lector de filósofos como
Sören Kierkegaard, Jean-Paul Sartre y Albert Camus y fiel seguidor de Franz
Kafka y Samuel Beckett, Guston compartía con otros miembros de su
generación la convicción de que el arte constituía un drama voluntario y
la pintura en concreto una especie de autorretrato psicológico. Títulos
como Espejo, El Pintor y El Alquimista aluden a la personalidad del artista,
aunque los cuadros no representen con literalidad las imágenes propuestas.
Además, a pesar del interés de Guston por las ideas existencialistas, la
propia obra atestigua el hecho de que la angustia privada de un artista no
siempre se traduce directamente en planteamientos de lucha sino que en
ocasiones se ve sublimada y transformada en algo prácticamente opuesto.
Esto cabe aplicarlo especialmente a los cuadros de Guston de principios de
los cincuenta. Crucial importancia para esta inversión de los polos emotivos
tuvo el ejemplo de Mondrian, de cuyos cuadros "plus-minus" tomó
sencillamente la sintaxis formal en obras tales como Zona y Attar. De todas
formas, hay que reseñar unas diferencias fundamentales. Mientras que
Mondrian confiaba en establecer un "equilibrio dinámico" entre lo
que consideraba que eran los elementos irreducibles de la pintura - las
líneas verticales y horizontales, los tres colores primarios y el blanco y
el negro -. Guston renunció a tales esquemas utópicos prefiriendo plasmar
los intervalos inestables que separan los fragmentos de formas de sus
cuadros y las tonalidades fluctuantes que separan los colores adulterados de
su gama. Mondrian soñaba con la perfección, Guston pretendía una
iluminación fugaz pero saludable.
Importante también a este respecto
fue el hecho de que Guston conociera al compositor y teórico de vanguardia
John Cage. Se conocieron en 1950 en Roma, mientras Guston trabajaba a
título de residente en la American Academy, y siguieron viéndose hasta
finales de los cincuenta. La suya fue una amistad tan improbable como
fructífera. En algunos aspectos, la tendencia de Cage hacia los gestos
anarquistas se diría que era la antítesis misma de la abnegada dedicación
de Guston a la disciplina de la pintura. Sin embargo, ambos compartían una
fina conciencia de lo absurdo. Mas fundamentalmente, la interpretación
dadaísta-budista que daba Cage a la entonces vigente preocupación por la
"carencia de significado" y el "vacío" le proporcionó
a Guston una alternativa muy necesaria con la que contrarrestrar el
pesimismo existencialista. Visto a través del prisma de la filosofía
europea y en el contexto de las devastaciones de la última guerra, el
menoscabo de los valores y catagorías humanistas convencionales se
consideró como una serie de pérdidas. Traducida al críptico vocabulario
de la dialéctica alegremente negativa de Cage, "la nada"
prometía la libertad de una onerosa y contraproducente búsqueda de la
verdad frente a una inconstancia de la experiencia que era innegable
pero no necesariamente trágica. En una palabra, Cage enseñó a Guston que
"la duda", el santo y seña existencialista, podía producir
alegría o por lo menos una ecuanimidad activa en lugar de desesperación.
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"¡Cielos!", exclamó
Cage una vez que fue a visitarlo a su estudio junto con su amigo Morton
Feldman. "¿No es maravilloso que se pueda pintar un cuadro que no
trate de nada?" Feldman le corrigió. "Pero John", le dijo.
"¡Si trata de todo"!. Como en la perfecta paradoja zen, ambas
afirmaciones eran ciertas. No obstante, los posteriores desarrollos
demostraron que era Feldman el que había estado más atinado.
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© Robert
Storr
Philip Guston,
Abbeville Press, Nueva York 1986
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DOS CATÁLOGOS
Dibuixos
Philip Guston, editado por Fundació Caixa de Pensions, 1989, con textos de
Magdalena Dabrowski
Philip
Guston, editado por el Ministerio de Cultura para la exposición en el
Centro de Arte Reina Sofía en mayo de 1989, con textos de Mark Rosenthal,
Robert Storr, Carrie Rickey, Francisco Calvo Serraller y Dore Ashton
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UN DISCO
Morton Feldman
For Franz Kline, The O’Hara Songs, De Kooning, Piano Piece (to Philip
Guston)
Four Instruments, For Frank O’Hara
Ensemble Avantgarde/Roland Kluttig |
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Philip
Guston nació el 27 de junio de 1913 en Montreal (Canadá) y murió el
7 de junio de 1989 en Woodstock
 
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