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La
vorágine del destino
Ignoro
las sinrazones por las que la publicación, en 1989, de "Los mutilados",
de Hermann Ungar, escritor prácticamente desconocido entre nosotros, no
fue acogida como un verdadero acontecimiento.
Hermann Ungar, como
Franz Kakfa -escritor, por diversos motivos, tan cercano a él
pertenece a una categoría en que su mundo ficticio está
inesperablemente relacionado con la realidad exacerbada, apela
directamente a los sentimientos. Se apoya, asimismo, en una estructura
narrativa convencional para acentuar las tensiones de los personajes que
necesitan aferrarse a un orden convencional, un orden constantemente
amenazado, hasta el punto de que esta amenaza de desintegración es la
que decide el destino narrativo y asimismo el destino de unos seres
mediocres que alcanzan una dimensión trágica.
La lectura de "Los
mutilados" -un sueño oscuro que se va convirtiendo en una pesadilla de
la que nos resulta imposible salirnos arrastra
inevitablemente a "La clase" e inevitablemente también necesitamos
buscar las coincidencias. Sin que ésta sea una escritura directamente
autobiográfica, la unidad absoluta nace de la proyección de la
personalidad del narrador en el terreno de la ficción.
Escenarios parecidos
En ambas novelas los
escenarios son parecidos: en "Los mutilados" el banco donde trabaja
Franz Polzer, la casa de la viuda Klara Porges
donde se hospeda Polzer, la casa del mutilado
Franz Fanta, una ciudad apenas descrita y, como única posibilidad de
aliento, una excursión al campo, que sigue siendo, para el protagonista,
un lugar de opresión. En "La clase", la escuela, centrada en un aula, en
la que trabaja Josef Blau, la casa en la que vive con su esposa Selma y
su suegra Mathilde, algunos lugares de la ciudad apenas si entrevistos y
una excursión al campo que contribuye a intensificar la humillación de
Blau y a acelerar la cadena de dramáticos acontecimientos.
Desde los veinte años
Polzer, el protagonista de "Los mutilados",
trabaja como empleado de banca: en todo el tiempo que lleva trabajando
nunca ha cambiado de empleo ni de domicilio, hasta que de pronto deja de
haber orden y cada momento trae algo inesperado.
Polzer necesita
"ordenar las cosas, darles coherencia"; y tal vez la respuesta se
encuentre en el temor de Dios, "porque Dios es sosiego, seguridad y
orden". Blau, el protagonista de "La clase", es un maestro de escuela
que vive su pobreza como una humillación porque "a los ojos de los ricos
nada era más despreciable que la pobreza". Como Polzer,
está obsesionado con la ropa: no sólo porque denuncia su miserable
condición social sino porque revela la carne provocadora (la de sus
alumnos ricos, vestidos con traje de marinero), degradante (la de la
vulgar y exuberente Mathilde; que despierta en él un profundo
sentimiento de repugnancia) y provocadora (la de la hermosa Selma, para
exasperación del celoso Blau). También él, convencido de que la
catástrofe tiene que llegar, quiere "continuar del mismo modo que había
empezado, apartar los estorbos, poner orden", un orden y una salvación
que encontrará en la Gracia, en Dios.
Ambos protagonistas
son pusilánimes y esencialmente buenos, pero el puritanismo obsesivo, el
miedo, el sentimiento de culpa, las inquitantes dudas o el enfermizo
sentido del ridículo convierten a Polser en un cárnicero o mutilador y a
Blau en el responsable indirecto de la muerte del joven Laub. Ambos
protagonistas, asimismo, son seres de un profundo individualismo que se
definen en su compleja relación con los demás. En realidad se les puede
llamar protagonistas porque todo está visto y sufrido a través de sus
enfermizas personalidades, de otro modo todos los escasos personajes son
igualmente esenciales, hasta el punto de que en "Los mutilados" (y ya el
mismo título indica esta pluralidad) los mismos nombres sugieren una
relación: Karla Porges, Kamilla, Klara, Franz Polser, Franz Fanta.
Podría decirse que; alterando la perspectiva, cada uno de los personajes
podría convertirse en el protagonista.
Si he señalado las
coincidencias ha sido para subrayar la proyección
de las obsesiones del narrador en la narración,
obsesiones de naturaleza kafkiana aunque aquí no hay el peculiar sentido
de la comedia que encontramos en Kafka. Conviene señalar asimismo las
diferencias, para subrayar el talento imaginativo de Ungar; mejor dicho,
una diferecia radical de la que han de derivarse todas las demás: "Los
mutilados" es una novela fuertemente expresionista en la que
presenciamos un morboso espectáculo de degradación y de horror. La
mayoría de los personajes son casos extremos y en todos ellos se da al
mismo tiempo el sufrimiento y la crueldad. Pese a que el dinero también
aquí es importante e incide en el desarrollo argumental, la especial
tensión de la novela está en el recuerdo y en la necesidad de recuperar
acontecimientos del pasado: "Ay, Dios, en su cabeza había una mole
oscura, como una piedra, algo espantoso había ocurrido. Había que
recordarlo", de ahí que las imágenes se conviertan en obsesivas y
fantasmagóricas y que la mutilación final adquiera un carácter
simbólico."
Vivir
las escenas
"La clase" es una
novela de una insoportable intensidad emocional: ahora no estamos
presenciando una escena sino viviéndola. Los personajes son más ambiguos
(la ambigüedad que crea los malentendidos es aquí un factor dominante) y
no son casos extremos. Lo que se subraya, en todo caso, son los
contrastes en la compleja red de relaciones dominada por la figura
central de Josef Blau pero sufrida con la misma intensidad por cada uno
de ellos: Selma, figura doliente y silenciosa transformada en imagen de
la seducción por la enfermiza imaginación de Blau, Modlizki, el fiel
criado con una conciencia social que Blau no posee, el hedonista o
rebelaisiano tío Bobek que no puede liberarse de la conciencia del paso
del tiempo o el mismo Laub, que apenas si aparece en el libro.
Finalmente, los celos de Blau no pueden sepatarse de su resentimiento
social. De este modo, condenado a la infelicidad en la casa (Selma) y en
la clase (los alumnos ricos), acabará por refugiarse en el único orden
que le puede ayudar a sobrevivir: el orden divino. Po1zer, en "Los
mutilados" se va de la casa. Josef Blau, aquí, regresa a la suya.
© Juan A. Masoliver Ródenas, 1991
Artículo publicado en LA
VANGUARDIA |