«Podría
decirse que al escribir se ausenta»
Walter Benjamín
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Las
potentes manos del destino lo arrebataron del mundo, que le resultaba
demasiado pequeño, y lo lanzaron por sobre el borde de lo inteligible hacia
la locura, en cuyos abismos luminosos, benévolos, poblados de fuegos fatuos,
se precipitó con furia de gitante para luego adormecerse por siempre en una
dulce dispersión y oscuridad.
Robert Walser
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Jakob
von Gunten
Aquí se
aprende muy poco, falta personal docente y nosotros, los muchachos del
Instituto Benjamenta, jamás llegaremos a nada, es decir que el día de
mañana seremos todos gente muy modesta y subordinada. La enseñanza que nos
imparten consiste básicamente en inculcarnos paciencia y obediencia, dos
cualidades que prometen escaso o ningún éxito. Éxitos interiores, eso sí.
Pero ¿qué ventaja se obtiene de ellos? ¿A quién dan de comer las
conquistas interiores? A mí me encantaría ser rico, pasear en berlina y
malgastar dinero. Una vez comenté esto con mi condiscípulo Kraus, pero él
se limitó a encogerse de hombros despectivamente, sin concederme una sola
palabra. Kraus tiene principios, va bien sujeto a su silla, montado sobre
la satisfacción, y es éste un rocín al que los amantes del galope
prefieren no subirse. Desde que estoy aquí, en el Instituto Benjamenta, he
conseguido volverme un enigma para mí mismo. También yo me he visto
contagiado por un extraño sentimiento de satisfacción, desconocido hasta
ahora. Soy bastante obediente; no tanto como Kraus, que es un maestro en
ejecutar celosamente y al instante cualquier tipo de órdenes. Hay un punto
en el que nosotros, los alumnos (Kraus, Schacht, Schilinski, Fuchs, Peter
el Larguirucho, yo, etc.), nos parecemos todos: el de nuestra pobreza y
dependencia absoluta. Somos hnumildes, humildes hasta la indignidad total.
Quien recibe un marco de propina pasa por ser un príncipe privilegiado.
Quien, como yo, fuma cigarrillos, despierta preocupación por sus hábitos
de despilfarro. Vamos uniformados. Pues bien, este hecho de llevar
uniforme nos humilla y nos encumbra al mismo tiempo: tenemos aspecto de
gente no libre, lo que posiblemente sea una ignominia, pero también nos
vemos muy guapos, y eso nos ahorra la profunda vergüenza de quienes se
pasean en ropas personalísimas y, sin embargo, sucias y ajadas. A mí, por
ejemplo, vestir el uniforme me resulta bastante agradable, pues nunca he
sabido muy bien qué ropa ponerme. Pero incluso a este respecto sigo
siendo, por ahora, un enigma para mí mismo. Acaso en mi interior resida un
ser vulgar, totalmente vulgar. O tal vez por mis venas corra sangre azul.
No lo sé. Pero de algo estoy seguro: el día de mañana seré un encantador
cero a la izquierda, redondo como una bola. De viejo me veré obligado a
servir a jóvenes palurdos jactanciosos y maleducados, o bien pediré
limosna, o sucumbiré.
(.../...)
Robert
Walser
Jakob von Gunten, 1909
(Traducción de Juan José del Solar, Ediciones
Alfaguara, 1984)
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La
carta
Llevando en
el bolsillo una carta que acababa de traerme el cartero y aún no me había
atrevido a abrir, empecé a subir, con pasos circunspectos, hacia el bosque
que coronaba la colina. El día parecía un gracioso príncipe vestido de
azul. Todo alrededor gorjeaba, verdeaba, florecía y perfumaba. El mundo
parecía haber sido creado sólo para la ternura, la amistad y el amor. El
cielo azul se asemejaba a un ojo benigno, el tierno viento, a una caricia.
El bosque tan pronto se hacía más denso y oscuro como volvía a clarear, y
el verde era tan joven, tan dulce. De pronto me detuve en un camino
limpio, amarillento, saqué la carta, rompí el sobre y leí lo siguiente:
«Aquélla que se
siente obligada a decirle que su carta le causó más estupor que alegría, no
desea que vuelva usted a escribirle; se asombra de que haya encontrado valor
para acercársela tanto, y espera que esa especie de osadía, valentía e
irreflexión no vuelvan a repetirse jamás. ¿Le ha dado acaso algún indicio
que pudiese interpretarse como deseo de averiguar lo que usted siente por
ella? No estando en absoluto interesada, los secretos de su corazón la dejan
completamente fría; no tiene comprensión alguna por las efusiones de un amor
que le es indiferente, por eso le ruega tenga a bien recapacitar en lo
importante que sería para usted guardar una prudente distancia ante la
remitente de esta carta. En las relaciones llamadas a permanecer
exclusivamente dentro de los límites de la respetabilidad, cualquier
pasionalismo habrá de estar, como usted mismo podrá ver, prohibido».
Doblé
lentamente aquella carta de tan triste y desalentador contenido, y al
hacerlo exclamé: «¡Qué buena, dulce y amable eres tú, naturaleza! ¡Qué
bellos son tu tierra, tus praderas y tus bosques! ¡Dios del cielo, qué
crueles son tus hombres!»
Estaba
conmovido, y el bosque nunca me había parecido tan hermoso.
Robert
Walser
Vida de poeta, 1918
(Traducción de Juan José del Solar,
AlfaguaraLiteraturas, 1989)
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Extraña ciudad

Robert
Walser
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De
la servidumbre
Javier
García Sánchez
(artículo publicado en
el nº 41 de QUIMERA)
Recientemente se han reeditado las
obras de Robert Walser y han proliferado comentarios sobre su obra y vida,
pero he querido rescatar este artículo de 1984, cuando se publicaban sus
primeras obras en castellano |
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NOVELAS
Los hermanos Tanner, 1907
(Alfaguara 1985), (Siruela 2000)
El ayudante, 1908
(Alfaguara 1982), (Siruela 2001)
Jakob von Gunten, 1909
(Alfaguara 1989), (Siruela 1998), (Quaderns Crema, (en català) traducción de
Teresa Vinardell)
El Bandido, 1925
(Siruela 2004)
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RELATOS
Los cuadernos de Fritz Kocher,
1904
(PRE-TEXTOS, traducción de
Violeta Pérez y Eduardo Gil Bera), (Quaderns
Crema,
(en català) traducción de Teresa Vinardell)
Las composiciones de Fritz, (Eudeba, traducción de Helena Graciela Cisneros)
Vida de poeta, 1914-1918
(Alfaguara 1989)
El paseo, 1917 (Siruela 1996, traducción de Carlos
Fortea)
La Rosa, 1925 (Siruela 1998)
Poemas seguido de Blancanieves (Icaria, traducción y prólogo de
Carlos Ortega)
Historias de amor, (Siruela 2003)
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SOBRE WALSER
Paseos con Robert Walser, Carl
Seelig, 1957 (Siruela, traducción de Carlos Fortea)
Las
traducciones para Alfaguara y Siruela son de Juan José del Solar
REVISTA
Quimera 41
FILM
Instituto Benjamenta, 1995 de Stephen y
Timothy Quay
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Rober
Walser nació el 15 de abril de 1878
en Biel (Suiza), y murió en
Herisau (Suiza), el
25 de diciembre de 1956
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